mitología y Seres Mágicos del Perú

A CONTINUACIÓN, UNA MUESTRA DE LOS SERES MAS REPRESENTATIVOS


EL AMARU


tiene la forma de una gran serpiente con cabeza de llama, un par de alas membranosas, cuerpo de batracio, fuertes garras, invulnerable coraza y cola de pez. Los ojos, de un característico color morado, revelan la ferocidad de su ser.
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Cuando ve acercarse una nube cargada de tormenta, el Amaru intenta llegar a ella para así esparcir su granizo sobre los sembradíos, dañándolos irreparablemente. Solamente en esos momentos es vulnerable; es cuando se le puede ver, bajo la forma de una inmensa serpiente sinuosa que busca alcanzar lo alto del cielo. Apenas logra distinguirlo, el campesino agitará su sombrero para dar aviso a sus héroes salvadores. Entonces, llegan presurosos el rayo y el viento serranos y, tras descomunal batalla, logran vencerlo y partirlo en dos, para confinarlo otra vez a las profundidades del lago.

Originariamente era un geniecillo vinculado al mundo de los muertos y lo extraordinario (Uku Pacha), entonces, como todos los duendes autóctonos, no era tan malo. Los pobladores andinos sabían muy bien cómo hacer tratos con él. Su comportamiento respondía a sus volubles estados de ánimo o a la simpatía que sintiera por la persona que lo invocaba.

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Cuando llegaron los españoles, decidieron arbitrariamente considerar a todos los espíritus autóctonos como aliados del demonio y, entre todos ellos, eligieron al Supay para personificar al más malo de los malos. Le otorgaron un poder superior, pero a cambio le obligaron a usar nuevas vestiduras. Desde entonces, luce cuernos, cola y patas de cabra. Con esta transformación sufrida, el Supay adquirió el hábito de comer gente y robar almas. En muchas zonas, los campesinos le temen a tal extremo que evitan siquiera mencionar su nombre.

Ciertas noches ronda el mundo de los vivos en forma de algún animal, generalmente un toro, chancho o chivo. Esto puede causar confusión a los lectores, quienes deben estar preguntándose: ¿un toro aparecido a medianoche es un condenado o es el mismísimo Supay? La respuesta la dará el olfato, pues un demonio deja el característico olor del azufre a su paso. Otro indicio a considerar es la presencia de cadenas. Si las lleva, es sin duda un condenado. En cualquier caso, nuestra recomendación es no quedarse a averiguarlo; correr hacia algún lugar seguro es lo más aconsejable.

Hombrecito pequeño, deforme y cabezón que habita en la Amazonía peruana. Su característica más saltante son sus pies desiguales. Su pierna izquierda es parecida a la de una cabra o tigre.
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Su principal ocupación es confundir a los caminantes hasta conseguir que se pierdan en la espesura del monte. Siempre se aparece de improviso, bajo la forma de un amigo o familiar. De esta manera uno pierde el miedo y lo sigue, aunque nunca logre acercarse mucho a él. Con su magia adormece a la víctima para no ser descubierto.
Las personas que han sido rescatadas después de su encuentro con uno de éstos, tardan horas en reconocer a sus familiares y amigos.

LOS MUQUIS


O enanos mineros, existen blancos y mestizos. Los primeros poseen larga barba rubia, roja o del color del oro. Son de tez blanca o colorada. Llevan sombreros con cuernos, los cuales utilizan para taladrar las rocas.
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Los muquis mestizos tienen la piel más oscura y los ojos rojos. Su cuerpo, que parece de oro, es robusto y desproporcionado, con las piernas torcidas y regordetas. Su cabeza es grande y su cuello muy pequeño. Visten poncho de vicuña o también uniforme semejante al de los mineros.

JARJACHA


Cuando una persona comete incesto o infidelidad, su alma se pone fea. Y tan fea, que por las noches puede escapar de su cuerpo y tomar las formas más aterradoras. No es necesario morir para que esto ocurra; la persona puede estar simplemente dormida. Al despertarse la mañana siguiente, pensará que tuvo malos sueños, pero era su alma la que realmente rondaba por los alrededores del pueblo.
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En las alturas de los Andes, estas almas toman el nombre de jarjachas (o qarqarya) y suelen aparecer como una llama con una, dos o tres cabezas, según la frecuencia con que cometieron la falta. Otras variantes, según la intensidad del pecado, son la aparición de una llama con cabeza humana, o una combinación, mitad llama y mitad mujer.
Escupen a todo aquel que se encuentran. Sus ojos hierven en fuego. Es muy peligroso encontrarse con una jarjacha, aunque grupos de comuneros logran organizarse para atraparlas.Es costumbre emprenderla a golpes contra ellas o pintarles la cara con hollín, de manera que a la mañana siguiente sea posible identificar a qué persona le pertenece. Para ello, bastará reconocer los moretones o las manchas negras en el rostro de esa persona, si es que no se ha bañado.

APALLIMAY


Por los caminos apartados es posible encontrar a esta engañosa criatura. Se manifiesta como una inofensiva guagua (bebe) abandonada y suplica:- “¡Apallimay! ¡Apallimay! “- que significa “llévame a la espalda!”. Quien por compasión acude a su llanto y la carga, no se imagina el grave peligro al cual se expone.
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Cuando logra acomodarse sobre la espalda de alguien, esta pérfida criatura comienza crecer repentinamente hasta convertirse en una horrenda y pesada carga. Entonces, se puede conocer su rostro de anciano, de boca grande surtida de colmillos y facciones repugnantes que destilan ira y rencor. Obliga a su improvisada montura a pasearle de un lado para otro, hasta dejarla extenuada.

Con urgencia se requiere los servicios de un curandero para expulsarle, sino el apallimay absorberá la energía vital de su benefactor hasta producirle la muerte.

NAYLAMP


Era un rey del norte que arribó a las costas de Lambayeque a inicios del siglo VIII. Le acompañaba un numeroso séquito, formado por sus mujeres, siervos y guerreros.

Fue un hombre de elevada calidad humana y gran honorabilidad, que trajo prosperidad a su pueblo. Gobernó durante muchos años y dejó a su hijo como sucesor. Al heredero le sucedió su hijo y así sucesivamente reinó la dinastía, hasta que fueron conquistados por los guerreros Chimú. Y los Chimú posteriormente fueron dominados por los Incas.

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Al envejecer le brotaron alas en la espalda y emprendió vuelo. Para que lo recordaran sus súbditos les dejó su propia imagen tallada en un ídolo llamado Llampayec, maravillosa estatuilla de piedra color verde. Nosotros conocemos esa imagen por los tumis que aún se conservan.

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El Dios Huiracocha (Cusco)

En el antiguo Perú se narraba acerca del origen del hombre, que el dios Huiracocha, en una época en que en el cielo no había ni sol, ni luna, ni estrellas, vino a la tierra andina (que ya existía antes de Huiracocha) y creó a una primera generación de hombres y mujeres, pero de talla muy elevada; resultó, sin embargo, que esta primera generación se portó mal, hasta olvidó a su creador, por los que Huiracocha los consideró soberbios y los castigó convirtiéndolos en piedra, que son las que se pueden ver ahora en Tiahuanaco.

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Luego vino una gran inundación, terriblemente descomunal. Pero después Huiracocha visitó la isla del Titicaca, lugar desde donde creó el sol, la luna y las estrellas para que iluminaran la tierra.

De ahí pasó a Tiahuanaco y decidió crear la definitiva generación humana, aunque esta vez a su imagen y semejanza y de baja talla solamente.

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En seguida, por parejas, los sumergió en el lago Titicaca; y esta gente, buceando, se profundizó en las aguas hasta encontrar aberturas o cavernas en las paredes y pisos del lago. Por ellas penetraron hasta salir por otras aberturas y bocas que se encontraban ubicadas en cerros, puquios y árboles de diversas provincias.

Fue entonces que, así por parejas comenzaron a poblar el mundo andino. Esta gente creada y enviada por Huiracocha sabía hablar, se vestían y tenían una serie de conocimientos enseñados por el mismo dios Huiracocha.

Las aberturas por las que emergieron a tierra recibieron el nombre de “pacarinas” (cuevas por donde se amanece o se sale).

Después Huiracocha creó a los animales; y en esta labor tuvo como ayudantes a dos hombres muy inteligentes y poderosos

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Como se ve, en el antiquísimo mito de Huiracocha, cuando éste llegó a la isla de Titicaca, a la tierra ya la halló creada, el solamente dio origen a los hombres, a los animales y a las plantas

La Leyenda de Cahuachi y Las Lineas de Nazca (Ica)

CAHUACHI: El Príncipe Volador

Un raro ser

Era una noche de plenilunio en un lugar muy cerca de la mar, los fuertes vientos mezclados con arenilla golpeaban el rostro de un viejo rey que acompañado de sus súbditos realizaban un peregrinaje en los templos piramidales y desde la sumidad contemplaban extasiados la luna llena que con su fulgor de plata bañaba todos los rincones de los areniscos, los añejos guarangales orlados con nidos de cuculíes y de rojos piturrines. De vez en cuando se veía a lo lejos el brillo de los ojos de nocturnos animales que como brazas de fuego calentaban la fría noche.

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Lineas de Nazca (Ica – Perú)

El cielo estrellado y el rey dotado de una gran industria, observaba minucioso el firmamento tratando de hallar sentido en el misterioso paso de los astros y la manera como se agrupaban entre sí, que como nebulosas formaban caprichosamente figuras de seres que habitaban en la tierra.

Nanaska, el gran monarca, estaba junto a su hijo Cahuachi, un sacerdote-guerrero, mozo fuerte y valiente, futuro heredero del reino, muy atento aprendía las sabias lecciones de astronomía del padre.

  • Hijo, tú que pronto heredarás los destinos de la nación, es importante que conozcas el paso de los grandes ojos de fuego. En ellas – prosiguió – verás el triunfo o la derrota, la abundancia de agua o las sequías, la prosperidad o la decadencia, la vida o la muerte, pues, cuando una estrella cae en la tierra, es señal de una vida se apaga.

De pronto un gran vocerío se escuchó de todas partes, interrumpiendo al rey. Todos miraban asustados al infinito. Una pequeña, una tenue lucecita se diría a una extraordinaria velocidad a la tierra, agigantándose más su tamaño cada vez que se acercaba y su color brillante se hacía más intenso e incesante, resplandeciendo tal que se podía ver los asustados rostros de los súbditos del rey.

  • No teman, es una bola de fuego de los cabellos de oro. Dijo el monarca, confundiéndolo con un cometa.

La fría noche daba la sensación que se convertía en día cuando la intensa luz fulgurante irradió a los sorprendidos hombres. A los terrenos de arena, las viviendas de piedra y barro con techos de carrizos y paja. Se pudo mirar los verdes guarangales de donde salieron despavoridas las aves que dormitaban en sus fuertes ramas. La inmensa y pedregosa pampa sembradas de naturales calatos. Se vio las altas y bajas colinas, a los zorrillos y serpientes furtivos cazadores de la noche que asustados buscaban refugio en sus madrigueras. El suelo estéril y cuarteado por la sequedad, donde se observaba chamuscados maticos por el fuerte sol en el día y los ladridos de los perros rompían el silencio de la noche. Entonces la bola de luz cayó en la tierra en una gran pampa, dejándose escuchar ensordecedor sonido y el eco horrorizó más a la gente.

Después volvió el silencio y la oscuridad.

El rey, príncipe y guerreros se dirigieron raudos al lugar que se había precipitado la extraña luz, y acortando distancias, salvando escollos, subiendo y bajando pequeñas colinas, recorriendo largas planicies, muy pronto con la velocidad que llevaban llegaron al sitio, donde aún se podía ver restos oscilantes luces y un fino humo que se levantaba perdiéndose en la oscuridad de la noche.

Cahuachi, mostrando vacilación y curiosidad llegó al objeto volador en forma temeraria.

Allí pudo observar un gran móvil de metal con la forma de un platillo, con muchas luces y pequeñas ventanas. El valiente príncipe abrió la puerta principal y del interior del objeto volador pudo salir un raro ser nunca visto por los ojos humanos. Acompañado a este ser, otra criatura cubierto de un extraordinario pelaje. Sus pequeñas orejas se mantenían siempre erguidas. No tenia ojos, estaba provisto de dos extremidades que le servía como mano-pies llevaba cuatro dedos que usaba para caminar y en la otra mano-pies tenía cinco dedos con la que cogía objetos. La misteriosa criatura lanzaba amenazas por su boca pequeña escondida por las pelusas, emitiendo raros sonidos:

¡Akú, akú, akú!

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En cambio, el fabuloso ser, no era muy prodigioso de tamaño y no se distinguía sus formas, porque estaba protegido de por una vestimenta especial. En una de sus partes superiores tenía dos ovalados lentes y tras de ellos observaban sus grandes ojos que asustados miraban al príncipe Cahuachi.

Pero la criatura muy debilitada se desvaneció, quedando tendido en el suelo a merced de los guerreros que intentaron golpearlo con sus makanas. Pero el otro ser, no dejaba que se le acercaran, haciendo mucho ruido. Entonces todos comprendieron que la cosa era como un fiel perro que cuidaba de los grandes peligros a su amo.

Desde entonces le dieron el nombre de Makú y el raro ser desvanecido fue llevado en
parihuela al pueblo.