La casa en Fort Meade, Maryland, donde los psíquicos se reunieron para espiar lo que ocurría en la embajada estadounidense en Irán

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La casa en Fort Meade, Maryland, donde los psíquicos se reunieron para espiar lo que ocurría en la embajada estadounidense en Irán durante la crisis de los rehenes. El programa de psíquicos terminó en 1995. Cortesía Edwin C. May

posible que las docenas de diplomáticos estadounidenses que fueron tomados como rehenes por los estudiantes revolucionarios que ocuparon la Embajada de Estados Unidos en Irán en 1979 hayan tenido cierta compañía secreta durante los 15 meses de su cautiverio: las agencias de agencias de inteligencia de EEUU tenían un escuadrón de “psíquicos” con entrenamiento militar que estaban usando la percepción extrasensorial para observarlos, de acuerdo con documentos desclasificados en una base de datos de la CIA ahora disponible.

En una operación con el nombre en clave de Grill Flame (Llama de Parrilla), media docena de psíquicos que trabajaban en una habitación escasamente iluminada en un viejo edificio de Fort Meade, Maryland, trataron en más de 200 ocasiones de atisbar a través del éter para ver dónde estaban retenidos los rehenes, cuán bien estaban siendo vigilados y su estado de salud.

A nivel oficial, los psíquicos trabajaban para la inteligencia del Ejército de Estados Unidos. Pero los documentos en la base de datos de la CIA dejan muy en claro que sus esfuerzos estaban siendo supervisados –y costeados– por una amplia gama de agencias gubernamentales de inteligencia así como por altos oficiales del Pentágono.

A ellos se les consultó incluso antes de la redada militar súper secreta de Estados Unidos que trató de poner en libertad a los rehenes en abril de 1980, la que terminó en desastre cuando un avión y un helicóptero chocaron en un área desértica.

La casa en Fort Meade, Maryland, donde los psíquicos se reunieron para espiar lo que ocurría en la embajada estadounidense en Irán

LA OPERACIÓN GRILL FLAME, PARTE DE UN PROYECTO ESTADOUNIDENSE DE INTELIGENCIA A MAYOR ESCALA RELACIONADO CON LOS PSÍQUICOS Y LA PERCEPCIÓN EXTRASENSORIAL, LLEVÓ A CABO 26,000 EXPERIMENTOS TELEPÁTICOS POR 227 PSÍQUICOS ANTES DE QUE EL GOBIERNO LA CERRARA EN 1995.

En un memorándum escrito el 23 de abril, un día antes del lanzamiento de la misión de rescate, uno de los jefes de la unidad de psíquicos dijo a un oficial superior que un representante de la Junta de Jefes del Estado Mayor había contactado a la unidad y “pedido que intensificáramos nuestros esfuerzos, y que tratáramos de establecer una situación en la cual las posibilidades de que se abortara la misión fueran grandemente reducidas”.

El hecho de si los psíquicos brindaron o no algún tipo de inteligencia útil fue el tema de un debate entre funcionarios de inteligencia que fue tan acalorado como secreto. Luego de que los rehenes fueran puestos en libertad en enero de 1981 y se les interrogó extensivamente acerca de los detalles de su experiencia, el Pentágono comparó la información con 202 informes de los psíquicos de Grill Flame. “Solamente siete informes” se probó que eran correctos, escribió un coronel de la Fuerza Aérea que trabajaba en la Junta del Estado Mayor, quien además subrayó el número con objeto de enfatizarlo.

Más de la mitad, agregó, fueron “completamente incorrectos”. Y, aunque 59 de los mismos contenían información que era parcial o posiblemente correcta, el coronel señaló que “esos mismos informes contenían a menudo datos erróneos”.

Oficiales del Ejército que supervisaron el programa Grill Flame impugnaron airadamente la evaluación del coronel de la Fuerza Aérea, alegando que el 45 por ciento de los informes de los psíquicos contenían algún tipo de información correcta. Y además, alegaron, “se trataba de información que no podía ser obtenida a través de canales normales de recopilación de inteligencia. El grado de éxito obtenido parece haber sido al menos igual, si no mayor, que el de otros métodos de recopilación”.

El debate continúa en la actualidad. “Lo que la CIA ha desclasificado es basura”, dijo uno de los psíquicos de Grill Flame, Joseph McMoneagle, al Miami Herald. “Ellos no han desclasificado nada de lo que realmente funcionó”. Edwin May, físico que supervisó investigaciones de parapsicología para agencias gubernamentales de inteligencia durante 20 años: “Los psíquicos pudieron darse cuenta, en algunos casos, de dónde estaban llevando a los rehenes. Ellos pudieron ver su estado de salud… Si alguien puede sentarse en Fort Meade y describir el estado de salud de unos rehenes que van a ser puestos en libertad, de modo que los médicos adecuados estén disponibles, eso es muy útil”.

Otros se han mostrado más escépticos, para decirlo de un modo cortés. “Las agencias de inteligencia podían simplemente haberse buscado una bola de cristal y ponerse a mirar al vacío y esperar a ver si veían algo”, dijo James Randi, ex mago profesional que dedicó su carrera a desenmascarar y refutar la percepción extrasensorial y a los psíquicos. “Es una desperdicio gigantesco de tiempo y de dinero, y no ayudó a los rehenes en nada”.

La perspectiva escéptica de Randi fue compartida por muchos dentro de la comunidad de inteligencia. William J. Daugherty, agente especializado en redes de la CIA que trabajaba en Irán y que fue capturado cuando la embajada fue ocupada por los estudiantes radicales, dijo al Herald que él se había enterado de la investigación de los psíquicos a través de sus colegas después de haber sido puesto en libertad.

“Estábamos almorzando, y ellos estaban muertos de risa”, dijo Daugherty. “Los comentarios eran como: ‘¿Podrás creer las locuras que hicimos?’ 

El mismo Daugherty, mientras estaba en cautiverio, se preguntaba si la CIA habría estado vigilando la embajada con otro recurso de sus trucos más extraños: el llamado “ornitóptero”, un pájaro mecánico provisto de micrófonos para escuchar conversaciones cercanas cuando se posa en el alféizar de las ventanas. Los maestros del espionaje mantuvieron al ornitóptero en su jaula, pero Daugherty se sintió impresionado por otro recurso de la CIA del cual se enteró más tarde.

“Me imagino que, tantos años después, ellos no me maten por decirles esto”, dijo. “Después que llevábamos algún tiempo cautivos, uno de los equipos de la Liga Nacional del Football (NFL) empezó a enviarnos videocasetes de juegos de football, y podíamos verlos en los televisores de la embajada. Cuando se usaban, los equipos se activaban y ellos enviaban una señal que podía ser detectada por medio de un satélite, transmitiendo el mensaje de que por lo menos un rehén estaba en cierta y determinada ubicación”.

La operación Grill Flame fue sólo una parte de un proyecto estadounidense de inteligencia a mayor escala relacionado con los psíquicos y la percepción extrasensorial que continuó durante 20 años. La misma recibió hasta 10 nombres en clave diferentes a medida que su administración fue pasando de una agencia a la otra –aunque la mayor del tiempo fue supervisada por la Inteligencia del Ejército de EEUU y de la Agencia de Inteligencia de Defensa– y llevó a cabo 26,000 experimentos telepáticos por 227 psíquicos antes de que el gobierno la cerrara en 1995.

Montones de documentos en la base de datos de la CIA rastrean su historia y su participación en todo tipo de cosas, desde búsquedas de aviones desaparecidos hasta el rastreo de cargamentos de drogas ilegales. El programa, establecido en 1975 luego de una serie de encuentros más breves entre la comunidad de inteligencia y el mundo parapsicológico, era originalmente mucho más un proyecto de investigación que una misión de espionaje, una de las partes más extrañas de la perpetua carrera armamentista de la Guerra Fría.

“En un inicio, lo que hacíamos más a menudo era una evaluación del extranjero, es decir, lo que el otro lado estaba haciendo”, dijo May, quien entró al programa casi desde su creación. “Recibíamos reportes de que China o Rusia estaban experimentando con psíquicos que alegaban que podían hacer esto o aquello, y nuestro trabajo era juzgar si era posible que eso fuera verdadero, y, de serlo, si representaba una amenaza para nosotros”.

El programa empezó además a trabajar directamente con psíquicos. Al principio, el mismo salió en busca de personas que afirmaban públicamente tener poderes extrasensoriales, pero más tarde empezó a buscar entre las filas de los agentes de inteligencia militar que presentaban rasgos personales semejantes a lo que llamaban “psíquicos establecidos”, especialmente aquellos que tenían un talento para “la videncia remota”, la habilidad mental de ver a través de enormes distancias y a través de las paredes y de otros obstáculos.

“Los videntes remotos que tenían éxito tendían a ser personas con gran confianza en sí mismas, extrovertidas, con espíritu de aventura, que tendían a tener éxito en general y a tener algún tipo de tendencia artística”, dijo un coronel del Ejército de EEUU que administró Grill Flame en un informe sobre la historia del programa que fue impartido a muchos de la alta plana del Pentágono y de las agencias de inteligencia civiles en 1982 y 1983. (Una transcripción del mismo está entre los documentos presentes en la base de datos de la CIA.)

¿Pérdida de tiempo y dinero?

De entre cientos de candidatos, los administradores del proyecto seleccionaron a seis para recibir entrenamiento psíquico. Y en el otoño de 1979 Grill Flame pasó abruptamente de la teoría a la práctica cuando se puso a trabajar a los seis en busca de un avión de la Marina de Guerra de EEUU que había desaparecido.

El 4 de septiembre de 1979, los psíquicos pudieron predecir la ubicación del avión desaparecido dentro de un radio de 15 millas. Otros detalles de la búsqueda del avión aparecen cubiertas en los documentos de la CIA, pero es posible que Jimmy Carter, quien era el presidente en ese momento, puede haber aludido al hecho en una entrevista que dio hace 12 años.

“Un avión nuestro se cayó en la República Centroafricana, un avión bimotor, un avión pequeño. Y no podíamos encontrarlo”, incluso utilizando fotografías de satélite, dijo Carter. “De modo que el director de la CIA vino y me dijo que había contactado a una mujer en California que afirmaba tener poderes sobrenaturales. Y ella entró en trance, y escribió la latitud y la longitud, y enviamos nuestro satélite a esa latitud y esa longitud, y allí estaba el avión”.

Eso pareció validar la percepción extrasensorial como una herramienta de inteligencia, al menos para algunos funcionarios, y se puso a trabajar a los psíquicos en otras tareas, aun cuando a los supervisores de Grill Flame les preocupaba que, si se filtraba la noticia de que el gobierno de Estados Unidos estaba usando espías psíquicos, el programa quedaría sepultado en el ridículo.

A ellos les preocupaba en particular William Proxmire, el senador demócrata de Wisconsin, quien todos los meses entregaba un galardón sarcástico (y muy publicitado) llamado el Premio Toisón de Oro a los programas del gobierno que él consideraba como pérdidas de tiempo y de dinero.

“Creo que el Premio Toisón de Oro proviene de que la gente no se muestra muy discreta en su profesión”, dijo Eugene F. Tighe, el teniente general del Ejército que encabezaba la Agencia de Inteligencia de Defensa, en una reunión del 30 de octubre de 1979, donde él aconsejó a sus colegas sobre la necesidad de mantener el más profundo secreto. (Él mencionó asimismo que el presidente Carter estaba al tanto del programa e “interesado” en el mismo.)

“Debemos tratar de evitar que Proxmire nos caiga encima”, estuvo de acuerdo Walter B. LaBerge, subsecretario del Ejército, de acuerdo con una transcripción de la reunión.

Pero el temor a los chistes de políticos entrometidos fue echado a un lado cuando los estudiantes irrumpieron en la embajada de Teherán una semana más tarde y tomaron como rehenes a más de 60 diplomáticos. Cuando la inteligencia estadounidense se encontró en un callejón sin salida en sus esfuerzos por averiguar qué estaba pasando exactamente dentro de la embajada –entre los rehenes estaban todos los funcionarios de la CIA en Irán– las fuerzas armadas, en su frustración, recurrieron a los psíquicos.

El 21 de noviembre, la fuerza de choque de la Junta del Estado Mayor que estaba trabajando en la crisis de los rehenes pidió ayuda a los administradores del programa Grill Flame. Dos días más tarde, luego de mirar fotografías de los rehenes en la revista Time, dos psíquicos se pusieron a trabajar tratando de hacer un registro mental de la embajada. Durante las tres semanas que siguieron fueron hechos otros 12 intentos.

Las sesiones de visión, como se les llamó, tuvieron lugar en una habitación sin ventanas y a prueba de sonido en un viejo edificio de Fort Meade, ubicación a unas 30 millas al noroeste de Washington, D.C., que servia de sede a varias agencias de inteligencia. “Todo dentro de esa habitación era gris, para que no llamara la atención”, dijo McMoneagle, uno de los seis psíquicos de Grill Flame.

En cada sesión participaban solamente dos personas, un psíquico y un funcionario de inteligencia, al cual se le llamaba entrevistador. El entrevistador daba al psíquico un objetivo: por lo general una foto de una persona o un lugar, un mapa, o un conjunto de coordinadas geográficas. Al inicio del programa, la información del objetivo se colocaba generalmente en un sobre sellado para que el psíquico no tuviera pistas visibles sobre lo que estaba buscando aparte de lo que le viniera a la menta. Pero, a medida que la crisis de los rehenes se fue alargando, esa regla empezó a ser dejada de lado a menudo.

La mayoría de las sesiones duraban alrededor de 30 minutos. Se grababan en cinta, y a veces los psíquicos dibujaban bocetos de las cosas que habían visto.

“Tienes que abrir tu mente a cualquier cosa que venga”, dijo McMoneagle, quien aparte de una experiencia cercana a la muerte bastante típica durante una intoxicación alimentaria, ocurrida una década atrás (”sabes, un túnel, una voz diciendo ‘camina hacia la luz’, algo que todo el mundo ha escuchado mil veces”) nunca había tenido una experiencia psíquica antes de su entrenamiento militar. “Y entonces lo describes”.

La transcripción de una sesión de visión ocurrida el 29 de diciembre de 1979 muestra el intercambio típico entre psíquico y entrevistador, al menos desde el punto de vista del procedimiento.

Se le mostró al psíquico una foto de uno de los rehenes: Tom Ahern, el jefe de la estación de la CIA en la embajada. “Quiero que mantengas la imagen de ese individuo en tu mente mientras visualizas el área en que él está ubicado”, dijo el entrevistador. “Localiza a este individuo y describe lo que él está haciendo. Describe su ubicación y lo que le rodea. Relájate y concéntrate, relájate y concéntrate…”

“Me pareció que estaba en medio de una explosión de actividad”, respondió el psíquico. “Parecía haber un montón de gente vestidos con, de todo lo posible, unas vestiduras flotantes… Tuve la impresión muy marcada de ver muchas personas con batas blancas o guardapolvos blancos”.

Esas personas, agregó, estaban corriendo “sin orden ni concierto por todas partes”.

“Como si hubiera una multitud de gente, y de pronto alguien empezó a disparar a la multitud”, continuó. “Algunos parecieron caer, y otros parecían estar corriendo hacia todas partes. Lo más extraño es que no escuché disparos ni nada de eso… A lo mejor eran gases lacrimógenos o algo así”.

De allí, la visión del psíquico cambió abruptamente a una celda en una cárcel, con vista a un patio interior, y finalmente a un hombre vestido con un traje castaño claro acostado sobre una carpeta oriental de color rojo (”eso no tenía ningún sentido”). El psíquico terminó haciendo algunos bocetos bastante rústicos del disturbio, la celda, y el plano del bloque de celdas.

“Esta ha sido una de las peores sesiones que he tenido nunca, o a lo mejor una de las mejores”, concluyó el psíquico con tristeza.

La sesión fue típica en por lo menos un aspecto: en su mayor parte estuvo completamente equivocada. Aparte del día de la ocupación como tal de la embajada, nunca hubo un disturbio ni un tiroteo dentro del recinto en todo el tiempo que los rehenes estuvieron allí encerrados.

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